jueves, 7 de mayo de 2015

DIARIO DE CAMPO PRÁCTICA II

El primer día de clase debido a la novedad de mi incursión dentro del aula para algunos de los estudiantes que no venían conmigo en el proceso de la práctica I, tuve que parar en ocasiones la explicación y la actividad que estaba desarrollando para responder a preguntas de tipo informativo respecto a mi persona que los estudiantes hacían, no tuve ningún inconveniente en responder a los tres primeros que preguntaron, pero en seguida, empecé a sentirme no lo niego (cuestionada) y a la vez honrada de que el resto de estudiantes empezaran a levantar sus manos y se mostraran curiosos por hacerme preguntas, tal vez ha sido el día en que más de 25 personas sacaron información que no tenía pensada y planeada en caso de un interrogatorio como este, definitivamente ya hice el ejercicio completo para que en caso tal de una entrevista, no poner la torta. Los estudiantes se interesaron y respetuosamente indagaron sobre diferentes aspectos de mi vida, tanto personal, como familiar, mis gustos en la música, en el deporte, en el arte, algunas de mis ideas, mi vida académica entre otras, en este interrogatorio se fueron casi 30 minutos de la primera clase, que definitivamente debía ofrecerle a los estudiantes, pues a partir de allí, considero que se generó un vínculo valiosísimo e inigualable de expresión y comunicación entre los estudiantes y yo, sin esforzarme mucho se dió el primer avance en la premisa de mi proyecto que supone el diálogo y la conexión recíproca entre docente y estudiante.


Durante el desarrollo de la clase número tres, se originó de un momento a otro un altercado entre dos estudiantes que peleaban al fondo del salón, debo confesar que me quedé absorta por unos segundos pues no había tenido que presenciar un acto de violencia en el aula durante mis clases como este. Inmediatamente me acerque a ellos y traté de mitigar la situación, lo primero que se me ocurrió fue salir del aula un momento con los estudiantes y preguntarles el motivo de la discusión, todo fue por un lapicero, los dos decían que era de su propiedad.  En cuanto se calmaron, y me entregaron el lapicero, le propuse a los demás estudiantes que cada uno en silencio (que de hecho no fue necesario pedirlo pues todos estaban expectantes de mi reacción), pensaran en una palabra que le ayudara a sus compañeros a evitar la violencia, el ejercicio resultó fascinante, las palabras que los estudiantes expresaron fueron: respeto, comprensión, perdón, ayuda, diálogo, dañinos, maleducados, groseros, cansones, fastidiosos y violentos.  Ésta idea surgió de repente y fue un excelente ejercicio de participación colectiva en mediación de conflictos, una estudiante propuso que quienes tuvieran más de un lapicero se lo regalara a cada uno de los estudiantes para que no se volviera a repetir una situación como esta, el resto de la clase se desarrolló con normalidad y quedó el compromiso y la amonestación a los estudiantes de una forma divertida y poco convencional, atrás quedó el método de antaño de firmar observador, expulsarlos o llamar a los padres, espero que mi imaginación no se agote y seguir teniendo esas iluminaciones. Ese día dormí feliz.


La clase número seis fue una experiencia hermosa, los estudiantes me regalaron su tiempo, su esfuerzo y dedicación en la representación de los refranes populares que llevé al salón para desarrollar una clase de expresión, fue genial ver como cada uno de los grupos, porque era un trabajo en grupo, se ingeniaban la mejor manera para que el resto de estudiantes y yo pudiéramos reconocer el refrán que representaban.  Me reí muchísimo, me devolví al colegio, me sentí nostálgica, feliz, complacida y muy agradecida de que todos participaran y trataran de hacerlo de la mejor manera. Ésta clase me hizo convencerme aún más de mi correcta elección en cuanto a la labor que voy a desempeñar por el resto de mi vida.

Para la clase número ocho, llevé 20 imágenes de un ilustrador llamado John Holcroft con el fin de que los estudiantes hicieran el ejercicio de inferir y expresar sus opiniones a partir de la imagen, sobre la sociedad, la educación, la política y el capitalismo del que somos constructores, fueron 20 imágenes y cada uno escribía en su cuaderno lo que le suscitaba, a partir de esta clase, descubrí que es muy importante permitirle a los estudiantes expresar sus imaginarios y opiniones, para ellos ser escuchados es necesario, ineludible, por supuesto un derecho de ellos y un deber que nosotros procurar fomentar en las clases la participación y si son ellos quienes quieren expresarse, tanto mejor, no siempre son los estudiantes quienes aprenden de nosotros, nosotros también aprendemos de ellos, la educación llega a su máximo esplendor en cuando se quitan las barreras del miedo a ser juzgados, burlados o ignorados y a pesar de las opiniones que no siempre resultarán favorables, llegar al punto último de la expresión es una fortuna.

Es gratificante recibir regalos de los estudiantes, para la clase número 10 programé una taller donde los alumnos recibieran una estimulación audiovisual a partir de tres cortometrajes de mafalda que tocan cuestiones como el proyecto de vida, concepciones sobre sí mismo y el mundo, cuestionamientos sobre la guerra, la politica y la pobreza, para que posteriormente a partir de algunas preguntas que indagaban sobre su proyecto de vida, su opinión sobre la guerra, la educación, la política, hiciéramos un debate y leyéramos los diferentes puntos de vista.  Los estudiantes no querían escribir, como raro, pero querían ver más videos, afortunadamente tenía algunos cortometrajes guardados en el computador  y me permití reproducir y dejar de lado por un momento la escritura, ahora bien, el regalo consistió en que todos vieron los cortometrajes en silencio, reflexivos y expectantes, me doy por bien servida, pues era una hora álgida en la que resulta casi imposible hacer que se queden callados y quietos, a las 11 de la mañana el calor propicia el letargo, la dispersión y la ansiedad, aun con la contaminación auditiva que impera en la Institución, los estudiantes debían unirse todos en torno al computador para lograr ver y escuchar mejor pues para esa clase no fue posible llevar los bafles. Infortunadamente no tenía cámara, pero en mi memoria quedó grabado ese instante en que escuchaban atentamente al por esos días fallecido escritor Eduardo Galeano, recitando sus fabulosas palabras "El derecho al delirio".  Momentos como estos son pocos y realmente valiosos, pues conectarse con más de 20 seres pensantes en un mismo lugar, no es fácil, ese fue otro día en el que volví a dormir feliz.

En este diario de campo me tomé la libertad de consignar lo gratificante y realmente valioso de las observaciones que pude llegar a consignar en mi agenda, en realidad no hice un diario de campo de cada día como si fuera una larga lista de mercado y por supuesto me reservé el derecho a observar y calificar el accionar de los estudiantes como toca hacerlo impunemente para poder cumplir con el porcentaje que desarrollar esta actividad le otorga a la nota final del proyecto de práctica, sin embargo, me agarro de las palabras del maestro Estanislao Zuleta, en una entrevista realizada por Hernán Suárez J, para la cátedra de Educación y Cultura de la Universidad del Valle donde acota lo siguiente: 
EDUCACIÓN Y CULTURA: ¿Cuál es su impresión sobre la formación escolar de los jóvenes en Colombia y particularmente sobre el bachillerato?
ESTANISLAO ZULETA: Pienso que el bachillerato es la cosa más vaga, confusa y profusa de la educación en el país. Es una ensalada extraordinaria, en la cual se pasa de la clase de geografía a la de geometría y de ésta a la de leyenda o historia patria. Paradójicamente, el bachillerato es una educación al mismo tiempo muy elemental y muy especializada.
Lo que se enseña en matemáticas o en geografía es, por una parte, muy elemental; tan elemental que cuando el estudiante termina sus estudios, ya no le sirve para nada práctico en la vida, ni en sus actividades educativas posteriores, cuando no suele ocurrir que olvide todo lo visto. Esta ensalada del bachillerato se la come el estudiante durante seis años y en el examen final, hoy de estado o del ICFES, vomita todo y queda limpio. Por fortuna se libera de toda aquella pesada carga de información y confusión. Pero al mismo tiempo que es elemental, es una educación muy especializada.
Tomemos el caso de la historia en el período de la independencia. El estudiante tiene que aprender una cantidad de acontecimientos, que son de detalle, yo diría que de especialistas. Tal es el caso de las batallas, en el cual se estudia la ubicación de las tropas y sus generales, el ataque de los flancos, la ubicación y función de la retaguardia y la vanguardia, etc., etc., con un grado tal de especialización y detalle que se necesitaría ser un especialista en historia y estrategia militar. En cambio, no se enseña que fue lo que pasó desde el punto de vista histórico, que es lo que interesa a un estudiante de secundaria recién iniciado en el estudio, de la historia de su país. Poco se dice sobre el tipo de sociedad de la época; cómo vivían los indios, los negros, los criollos, la nobleza; el tipo de tensiones y rivalidades que existían entre la nobleza terrateniente criolla y la corona española; los conflictos sociales entre las distintas clases y grupos. No se enseña, por ejemplo, las razones del hundimiento del imperio español frente a Napoleón, como resultado de la derrota de la Armada Invencible española frente a la armada inglesa. Que un imperio, al otro lado del mar y sin flota, tenía que perder fácilmente sus colonias. Es decir, si no sale Bolívar, hubiera salido cualquier otro. Lo que perdió España fueron las condiciones para sostener su imperio en ultramar. Lo que se enseña son toda clase de discursos, proclamas bobas y frases altisonantes de don Camilo Torres, José Acevedo y Gómez, etc. No se enseña cual era el problema realmente; cuál el sentido de las luchas de independencia; cuál era el dilema del país: tomar una dirección influenciado por los ideales de la Revolución Francesa o por el contrario, cerrarse sobre la tradición y el colonialismo, reafirmando la dominación española. Es una historia que tras el detalle y la minucia olvida lo esencial, lo global, lo que importa. [...]
Nadie expresa mejor mi pensar que el maestro, por ello decidí que en cuanto ejerza mi profesión, 
en cualquier campo de batalla en el que me encuentre, primará por encima de todos los contenidos y procesos a memorizar y aprender, que el estudiante tiene la razón cuando no desea escribir o leer, pero en cambio si no quiere hacer ni lo uno ni lo otro, tendrá que pensar, imaginar, crear o interpretar cualquier situación propuesta y así le voy cambiando la pita hasta que finalmente logremos congeniar con los gustos de cada uno, por eso mi proyecto está lleno de imagenes, de videos y narraciones en tiempo presente, en primero crear un espacio para escuchar, para sentir y posteriormente para poder interpretar.  Mi experiencia fue gratificante y más que una nota final, deseo seguir explorando a cuenta propia los pormenores que tiene consigo, ser maestro.

Otro regalo cortado y tejido por mis estudiantes, sacaré cinco en mi proyecto, esto es lo que infieren de mí :) 


1 comentario:

  1. Jajaja buena esa... Muy perspicaz.
    Pero sabe no había una claridad en cuál era el producto, a veces cuando no tenemos las cosas tangibles pensamos que no hay nada por ello; el leer el Diario de campo hace mella y el cambio de idea se hace evidente.
    Me alegra que el quehacer pedagógico sea un modo de vida, es gratificante, no todos los días pero no solo llevamos a cabo un proceso de enseñanza - aprendizaje en los estudiantes, nosotros mismos lo hacemos cada día, cada momento aprendemos de ellos, aprendo de Uds, aunque hay estudiantes de estudiantes que en ciertos momentos hacen que este quehacer sea nada gratificante pero siempre llega alguien que lo endulza y ahí viene la dicha.

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